La reunión es en el Kaffeehaus, la conocida
cafetería del Boulevard dedicada a reflejar, a
través de numerosos murales fotográficos,
la creación de Ciudad Jardín por Eirich
Zeyen y su empresa F.I.N.C.A. En una de las mesas está
esperando a Guía Palomar el dueño del lugar,
Hugo Zeyen, hijo del hombre que tuvo la idea y llevó
adelante gran parte de la construcción del barrio.
Tanto entrevistado como entrevistador coincidieron en
que, por la riqueza de material, la charla podría
haberse extendido por seis horas. Desgraciadamente no
teníamos ese tiempo, ni tampoco el espacio para
publicar una historia muy extensa. Así que decidimos
enfocarnos en algunos aspectos de Ciudad Jardín
y su fundador recordados por un testigo de primera fila
como es su hijo.
Cuando Hugo nació, en 1946, Ciudad Jardín
tenía apenas dos años de vida, por lo que
vivió de cerca su crecimiento y maduración
hasta convertirse en el barrio de hoy, del que él
es vecino desde 1969 y comerciante de una de sus calles
primerizas.
-¿Cómo recuerda la construcción
de Ciudad Jardín?
-Te lo podría resumir así: mi papá
tuvo cinco hijos, pero yo, en varias ocasiones que me
tocó hablar del tema, siempre dije que había
un hijo más, que era su preferido y que se llamaba
Ciudad Jardín. No lo digo lamentándome,
sino porque lo viví así. Mi papá
tenía un lema, que se lo transmitía a quienes
trabajaban con él, que rezaba: “Los que trabajan
conmigo tienen que levantarse a la mañana pensando
en Ciudad Jardín; trabajar todo el día pensando
en Ciudad Jardín y llegar a la noche a su casa
para pensar qué van a hacer al día siguiente
por Ciudad Jardín. Y que, cuando sueñen,
lo hagan con Ciudad Jardín”. Ésa fue
la forma en la que esto se pudo hacer. Porque, para aprobar
los planos del barrio por ejemplo, mi papá tuvo
que viajar 142 veces a La Plata y entrevistarse con 6
gobernadores distintos.
-Pensando en el esfuerzo que hizo su padre por el barrio,
¿por qué no tiene el nombre de una calle?
-A menudo hay una confusión en ese sentido con
la calle Hugo Zeyen, que era mi tío y mano derecha
de mi papá. En 1969 se inauguró un busto
de mi papá delante de la capilla San Roque, en Plate. Esa ceremonia fue presidida por el entonces gobernador
de la provincia, que prometió que la calle Conde
Zeppelín iba a ser rebautizada Eirich Zeyen. Nosotros,
su familia, estábamos de acuerdo, pero no queríamos
que se le cambiara el nombre a una calle cuyo nombre había
sido elegido por mi papá, porque él le ponía
el nombre a todas las calles con un sentido de homenaje.
En definitiva, la promesa del gobernador no se cumplió
y nosotros tampoco insistimos. No tenemos dudas que se
merece ese halago, como lo tuvo en su momento Germán Wernicke.
-¿Su padre eligió el nombre de todas las
calles?
-Y no solamente de las calles. El cine Helios también
fue nombrado por él recordando al dios griego de
la luz. El restaurant Taku recordaba la calle de Colonia,
en Alemania, donde mi papá nació. Por eso
lo digo con orgullo: esta ciudad la hizo él. Y
tenía en muchas cosas una intención que
no era comercial. Las iglesias se hicieron para luego
donarlas a los distintos credos, igual que la comisaría,
las plazas y A.F.A.L.P. Siempre tuvo la idea de no hacer
simplemente un conglomerado de viviendas, sino una ciudad
con vida propia.
-Hablando justamente de las calles, ¿a qué
obedeció el trazado tan particular que tienen?
-Justamente tiene que ver con este tema del homenaje
del que hablábamos. Mi papá quiso respetar
el trabajo del dueño original de estas tierras,
Pereyra Iraola, que había arbolado muy cuidadosamente
el campo. Por eso las calles, como se respetaba la plantación
de los árboles, eran tan irregulares, con muchas
curvas y cortes. La idea era no tirar ningún árbol.
-¿Qué opina de los cambios edilicios que
está sufriendo el barrio en los últimos
tiempos?
-A mí me gusta mucho el diseño original
de Ciudad Jardín. Pero hay una cuestión
e-conómica, hasta entendible, según la cual
cada uno hace su negocio. No es algo nuevo, porque también
sucedió en su momento cuando se construyeron los
primeros de-partamentos. Ciudad Jardín tiene una
particularidad. Habitualmente las ciudades se construyen
desde el centro hacia fuera. Acá fue al revés.
Lo último que quedó libre fueron los terrenos
del centro. Cuando se hicieron los edificios, el argumento
principal fue que había muchos hijos de habitantes
que no podían acceder a su vivienda propia. Lo
que hizo F.I.N.C.A fue que se adaptaran lo mejor posible
a la construcción del barrio, por eso los hizo
con techo de tejas, con jardín adelante y patio
atrás. Y además los centralizó en
un par de manzanas.
-¿Cuál es el recuerdo que más atesora
sobre el barrio?
-En mi casa no se hablaba casi de otra cosa que no fuera
Ciudad Jardín. Hoy, que veo cómo creció
el barrio más allá de lo que pudo ver mi
papá, siento el enorme esfuerzo que costó
hacerlo. Y lo que más me gusta es el orgullo que
siento.