Cuando nació, en el país gobernaba un radicalismo
que había arrasado en las primeras elecciones transparentes
de la historia. Quizá, por eso, su padre fue un
radical desde la primera hora. Él, no siguió
esos pasos. Prefirió enrolarse en una de las fuerzas
nuevas que estaban surgiendo en los márgenes políticos
que dejaba un peronismo en avanzada, allá por mediados
de los ´40: la democracia cristiana.
Desde allí, palpitó la agitada vida política
del país de los últimos cincuenta años.
Alcanzó la presidencia del partido, fue candidato
a vicepresidente dos veces y le tocó, siendo diputado
nacional, que el golpe del ´76 lo echara del Congreso.
Hoy, ya retirado de la vida política pero no de
la política, como le gusta remarcar- Horacio Sueldo
revive junto a Guía Palomar los momentos de su
carrera que quedaron marcados a fuego en su memoria.
Recuerdos de provincia
Había nacido en la localidad cordobesa de Villa
del Rosario. Ya en los últimos años del
secundario era militante estudiantil. Cuando entró
a cursar Derecho en la Universidad de Córdoba,
ya era bastante conocido por su participación en
charlas y discusiones, algunas de ellas transmitidas por
radios. En la provincia la política no era una
actividad fácil. Además del Fraude electoral
y más tarde del golpe militar de 1943- predominaban
varios grupos de tendencia fascista. Su padre, del ala
independiente del radicalismo, se había desencantado
de la política y del colaboracionismo de segmentos
del partido con el régimen conservador.
¿Por qué
usted no siguió los pasos de su padre en el radicalismo?
Queríamos ver cosas nuevas. Era una ley casi biológica,
espiritual. Nos encontramos con un predicador laico que
se llamaba Alberto Vélez Funes. Él era simpatizante
del filósofo francés Jacques Maritain, del
cual se nutre la filosofía de la Democracia Cristiana.
Nos invitó a aprender las bases evangélicas
de la democracia. Nos encontrábamos en la Iglesia
de los Capuchinos con un grupo de vascos autoexiliados
después del triunfo de Franco. Leíamos el
evangelio del domingo anterior y lo conectábamos
con la realidad sociopolítica del momento.
¿Qué ideas
tenía en esa época?
Eran social cristianas de acuerdo a las enseñanzas
de los Capuchinos. El problema es que todas las iglesias
se ocupaban de insultarnos los domingos desde el púlpito.
“¿Demócrata Cristianos? ¡Harían
bien en llamarse Demócrata Cretinos!”, decían
algunos curas.
Hasta ese momento eran
un grupo de pensamiento. ¿Cuándo se forma
el partido?
En 1944, bajo el liderazgo intelectual de Vélez
Funes, se funda un partido político a nivel provincial.
Al principio se llamaba Partido Republicano y su eslogan
era por una democracia cristiana. A mí me tocó
escribir la declaración de principios, que hoy
día sigue siendo la misma. En el ´55, ya
caído Perón, los distintos grupos provinciales
se reúnen en junta y crean el partido a nivel nacional.
La declaración de principios que yo había
redactado se mantuvo, pero le agregaron un capítulo
final sobre la Iglesia. Yo ahí dije: “La
Iglesia no tiene porque figurar. Ninguna tiene que ser
mencionada”. No era una cuestión de racismo,
sino de coherencia interior. La religión tiene
que quedar en la vida privada. Meter a la Iglesia fue
algo que nunca acepté.
Con la Democracia Cristiana ya formada, Sueldo se lanzó
a recorrer el país fundando grupos. Desde el norte
hasta las minas de Río Turbio en Santa Cruz fue
difundiendo las bases políticas, mientras iba escalando
posiciones dentro del partido hasta alcanzar la presidencia.
En el ´58 llegó el momento del debut electoral
y él fue candidato a vicepresidente de Lucas Ayarragaray.
Pero como partido chico e independiente no pudo hacerle
fuerza a la “alianza” entre el radicalismo
intransigente de Frondizi y el justicialismo proscrito
que lideraba Perón desde España.
De Córdoba al Palomar
Después de la campaña, y con serios problemas
económicos, Sueldo, ya casado y con un hijo, tuvo
que trasladarse a Buenos Aires, donde trabajó primero
en una editorial y luego volvió a ejercer como
abogado. La compulsa electoral del ´63 la vivió
alejado de las urnas como candidato.
¿Cuándo vuelve
a la arena política?
En realidad nunca dejé de ser dirigente. Pero en
esos años hubo cambios. Nuestra convicción
debía ser social cristiana, bien centrada. Pero
el castrismo hace estragos en nuestro partido. Era la
moda y tuvimos una infiltración peronista de izquierda.
Algunos de sus miembros luego pasaron a ser guerrilleros.
¿A usted no le gustaba
esa ideología?
No es que no me gustara. Es que era un delirio. Era la
reivindicación de la violencia.
En 1973 otra vez elecciones,
esta vez con el justicialismo incluido, aunque distinto en
su morfología a aquel del ´45. Mucha base joven y ciertas
ideas de tinte socialista, ensangrentadas
por hechos de violencia, lo definían por sobre
su tradición sindical. En esa primavera democrática,
los democristianos llevaron a Sueldo a las urnas como
vice de un radical disidente que se había hecho
popular entre la izquierda, el bisonte Oscar Allende,
creador del Partido Intransigente.
¿Por qué
la Democracia Cristiana decide unirse a Allende?
Hubo un acuerdo, pero no se unieron nunca. Allende había
sido un gran gobernador de Buenos Aires. Nadie lo alcanzó
después. Pero durante la campaña era otra
persona.
¿Qué lo decepcionó
de Allende?
Don Oscar tenía un delirio filo castrista que yo
no compartía. Pero de eso me fui enterando sobre
la campaña.
La cisma
Sueldo también había sido candidato a diputado
nacional y obtuvo la banca en el Congreso. Fiel a su vocación
de jurista, uno de sus proyectos presentados fue un desglose
del Código Civil para crear otro sobre la persona
y la familia. Perón murió poco después
dejando un vacío que su esposa no podía
llenar. Los militares dejaron otra vez de ser observadores
pasivos de la crisis.
¿Cómo recuerda
el golpe del ´76?
Hubo una dirigencia política, con Balbín
a la cabeza, que sabía que venía el Golpe
y sólo atinaba a decir “no podemos hacer
nada”. Nunca me tocó ver una dirigencia tan
entregada. Estaban con los brazos caídos. Y justo
ahí se deteriora el frente interno de la Democracia
Cristiana que lleva a mi renuncia al partido.
A partir de entonces y hasta su
jubilación sólo trabajó como abogado.
Hoy, desde su casa en el Palomar, sigue la realidad nacional
desde diarios y noticieros, pero mantiene en pie la promesa
que se hizo de no volver a la política partidaria.
¿Cómo ve
la política hoy?
Mal. De una pobreza intelectual inferior a la de los ´70.
No han pasado en vano 30 años de un país
en decadencia. Hay menos nivel moral y visión del
mundo.
¿Qué le parece
Kirchner?
Tiene prestigio. Él y su esposa no son del montón.
Tienen algunos dotes personales. Pero, igual, es la eterna
diferencia entre la astucia y el talento. Ellos están
a mitad de camino entre ambos.