..agosto 2005

Horacio Sueldo

“Kirchner está a medio camino entre la astucia y el talento”

Por Hernando Arbelo
h_arbelo@guiapalomar.com

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Cuando nació, en el país gobernaba un radicalismo que había arrasado en las primeras elecciones transparentes de la historia. Quizá, por eso, su padre fue un radical desde la primera hora. Él, no siguió esos pasos. Prefirió enrolarse en una de las fuerzas nuevas que estaban surgiendo en los márgenes políticos que dejaba un peronismo en avanzada, allá por mediados de los ´40: la democracia cristiana. Desde allí, palpitó la agitada vida política del país de los últimos cincuenta años. Alcanzó la presidencia del partido, fue candidato a vicepresidente dos veces y le tocó, siendo diputado nacional, que el golpe del ´76 lo echara del Congreso.
Hoy, ya retirado de la vida política pero no de la política, como le gusta remarcar- Horacio Sueldo revive junto a Guía Palomar los momentos de su carrera que quedaron marcados a fuego en su memoria.

Recuerdos de provincia
Había nacido en la localidad cordobesa de Villa del Rosario. Ya en los últimos años del secundario era militante estudiantil. Cuando entró a cursar Derecho en la Universidad de Córdoba, ya era bastante conocido por su participación en charlas y discusiones, algunas de ellas transmitidas por radios. En la provincia la política no era una actividad fácil. Además del Fraude electoral y más tarde del golpe militar de 1943- predominaban varios grupos de tendencia fascista. Su padre, del ala independiente del radicalismo, se había desencantado de la política y del colaboracionismo de segmentos del partido con el régimen conservador.

¿Por qué usted no siguió los pasos de su padre en el radicalismo?
Queríamos ver cosas nuevas. Era una ley casi biológica, espiritual. Nos encontramos con un predicador laico que se llamaba Alberto Vélez Funes. Él era simpatizante del filósofo francés Jacques Maritain, del cual se nutre la filosofía de la Democracia Cristiana. Nos invitó a aprender las bases evangélicas de la democracia. Nos encontrábamos en la Iglesia de los Capuchinos con un grupo de vascos autoexiliados después del triunfo de Franco. Leíamos el evangelio del domingo anterior y lo conectábamos con la realidad sociopolítica del momento.

¿Qué ideas tenía en esa época?
Eran social cristianas de acuerdo a las enseñanzas de los Capuchinos. El problema es que todas las iglesias se ocupaban de insultarnos los domingos desde el púlpito. “¿Demócrata Cristianos? ¡Harían bien en llamarse Demócrata Cretinos!”, decían algunos curas.

Hasta ese momento eran un grupo de pensamiento. ¿Cuándo se forma el partido?
En 1944, bajo el liderazgo intelectual de Vélez Funes, se funda un partido político a nivel provincial. Al principio se llamaba Partido Republicano y su eslogan era por una democracia cristiana. A mí me tocó escribir la declaración de principios, que hoy día sigue siendo la misma. En el ´55, ya caído Perón, los distintos grupos provinciales se reúnen en junta y crean el partido a nivel nacional. La declaración de principios que yo había redactado se mantuvo, pero le agregaron un capítulo final sobre la Iglesia. Yo ahí dije: “La Iglesia no tiene porque figurar. Ninguna tiene que ser mencionada”. No era una cuestión de racismo, sino de coherencia interior. La religión tiene que quedar en la vida privada. Meter a la Iglesia fue algo que nunca acepté.
Con la Democracia Cristiana ya formada, Sueldo se lanzó a recorrer el país fundando grupos. Desde el norte hasta las minas de Río Turbio en Santa Cruz fue difundiendo las bases políticas, mientras iba escalando posiciones dentro del partido hasta alcanzar la presidencia. En el ´58 llegó el momento del debut electoral y él fue candidato a vicepresidente de Lucas Ayarragaray. Pero como partido chico e independiente no pudo hacerle fuerza a la “alianza” entre el radicalismo intransigente de Frondizi y el justicialismo proscrito que lideraba Perón desde España.

De Córdoba al Palomar
Después de la campaña, y con serios problemas económicos, Sueldo, ya casado y con un hijo, tuvo que trasladarse a Buenos Aires, donde trabajó primero en una editorial y luego volvió a ejercer como abogado. La compulsa electoral del ´63 la vivió alejado de las urnas como candidato.

¿Cuándo vuelve a la arena política?
En realidad nunca dejé de ser dirigente. Pero en esos años hubo cambios. Nuestra convicción debía ser social cristiana, bien centrada. Pero el castrismo hace estragos en nuestro partido. Era la moda y tuvimos una infiltración peronista de izquierda. Algunos de sus miembros luego pasaron a ser guerrilleros.

¿A usted no le gustaba esa ideología?
No es que no me gustara. Es que era un delirio. Era la reivindicación de la violencia.

En 1973 otra vez elecciones, esta vez con el justicialismo incluido, aunque distinto en su morfología a aquel del ´45. Mucha base joven y ciertas ideas de tinte socialista, ensangrentadas por hechos de violencia, lo definían por sobre su tradición sindical. En esa primavera democrática, los democristianos llevaron a Sueldo a las urnas como vice de un radical disidente que se había hecho popular entre la izquierda, el bisonte Oscar Allende, creador del Partido Intransigente.

¿Por qué la Democracia Cristiana decide unirse a Allende?
Hubo un acuerdo, pero no se unieron nunca. Allende había sido un gran gobernador de Buenos Aires. Nadie lo alcanzó después. Pero durante la campaña era otra persona.

¿Qué lo decepcionó de Allende?
Don Oscar tenía un delirio filo castrista que yo no compartía. Pero de eso me fui enterando sobre la campaña.

La cisma
Sueldo también había sido candidato a diputado nacional y obtuvo la banca en el Congreso. Fiel a su vocación de jurista, uno de sus proyectos presentados fue un desglose del Código Civil para crear otro sobre la persona y la familia. Perón murió poco después dejando un vacío que su esposa no podía llenar. Los militares dejaron otra vez de ser observadores pasivos de la crisis.

¿Cómo recuerda el golpe del ´76?
Hubo una dirigencia política, con Balbín a la cabeza, que sabía que venía el Golpe y sólo atinaba a decir “no podemos hacer nada”. Nunca me tocó ver una dirigencia tan entregada. Estaban con los brazos caídos. Y justo ahí se deteriora el frente interno de la Democracia Cristiana que lleva a mi renuncia al partido.

A partir de entonces y hasta su jubilación sólo trabajó como abogado. Hoy, desde su casa en el Palomar, sigue la realidad nacional desde diarios y noticieros, pero mantiene en pie la promesa que se hizo de no volver a la política partidaria.

¿Cómo ve la política hoy?
Mal. De una pobreza intelectual inferior a la de los ´70. No han pasado en vano 30 años de un país en decadencia. Hay menos nivel moral y visión del mundo.

¿Qué le parece Kirchner?
Tiene prestigio. Él y su esposa no son del montón. Tienen algunos dotes personales. Pero, igual, es la eterna diferencia entre la astucia y el talento. Ellos están a mitad de camino entre ambos.