marzo 2005

Osvaldo Santoro

Para la gente sigo siendo el
"Comisario Chape"

Por Hernando Arbelo
h_arbelo@guiapalomar.com

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La vida empieza a los cuarenta, dice un ya desgastado proverbio. Para el reconocido actor Osvaldo Santoro fue exactamente así: se largó a trabajar en televisión a los 45 años. Era Sinistri, un vendedor empedernido, charlatán y fanfarrón, que, allá por 1993, hacía causa común con Ricardo Darín para acosar Luis Brandoni en Mi cuñado. Sin embargo, el personaje suyo que más prendió en el imaginario colectivo estaba en las antípodas de aquel porteño de ley. Era Chape, el incorruptible comisario de la Bonaerense que trataba de poner en vereda, no con mucho éxito, al Nene Carrizo de Adrián Suar en Poliladron (1995). De ahí en más la pantalla chica y el cine lo tuvieron siempre, sea con Suar o Marcelo Tinelli, como padre de familia, actor, guardicarcel odioso, o como ahora en Los secretos de papá con Dady Brieva, un homosexual.

Hablar de la trayectoria televisiva de Santoro, empero, es quedarse solamente con el co-rolario. La largada en la carrera por la notoriedad que envuelve a cualquier actor había empezado para él mucho tiempo antes, en los convulsos setenta de Federico Luppi, Pepe Soriano y otros tantos grandes. El debut fue en teatro para, una década después, ir asomando de a poco en un cine con aroma democrático.

En su chalecito de la calle Rebizzo, en una parte de Caseros de casas bajas, muchos baldíos y fábricas relegadas por la desindustrialización, Santoro charló con Guía Palomar en una doble faceta de actor y vecino de casi treinta años en el barrio.

EL TEATRO, UN SACERDOCIO

-¿Por qué decidió ser actor?
-En realidad había empezado Odontología. Mi padre decidió por mí. Yo había terminado el secundario y tenía una hepatitis que no me podía mover. Así que fue y me anotó él. Yo no estaba seguro si realmente quería ser dentista, pero mi viejo había hecho un gran sacrificio para que siguiera una carrera universitaria.

-Pero al final se salió con la suya
-Mi padre fallece muy joven, a los cincuenta. Era 1968. Yo tenía veinte y estaba en el tercer año de la carrera. Pero sentí que podía em-pezar de nuevo y salí corriendo a anotarme al Conservatorio Nacional, que era lo que yo siempre había querido. Pero respondiendo concretamente a tu pregunta, yo creo que hacerme actor fue, y no me da vergüenza decirlo, una cosa de exitismo. Yo era muy tímido, tenía mucho acné en la cara, era muy retraído. Me daba la impresión de que subiéndome 50 centímetros encima de la gente en un escenario iba a ser tenido en cuenta. Es como los chicos van a la televisión para que los vean. Eso fue el motor que me impulsó en aquel tiempo. No hubo ninguna vocación maravillosa. Después descubrí que tenía posibilidades.

-¿Cuál era el medio en el que quería hacer carrera cuando estudiaba?
-En el Conservatorio no te dejaban hacer otra cosa que no fuera teatro.
Era una especie de sacerdocio. Si hacías televisión eras muy mal visto, e incluso a veces te echaban. Eso a mí me hizo un surco en la cabeza. Y terminé haciendo televisión porque un director de teatro como el gordo Viale me pidió que hiciera de Sinistri en Mi Cuñado- Dijo que me veía bien teatral para interpretar personaje que era muy chanta. Y me largué. Pero hasta entonces tuve el cerebro lavado con que no tenía que hacer televisión.

-Y al final trabajó y trabaja en los tres medios. ¿Hay alguno donde sienta que desarrolla mejor sus capacidades?
-El teatro es el único lugar donde no me permito parar nunca (en estos momentos presenta en Mar del Plata la multipremiada La prueba, con Pablo Rago y Gabriela Toscano). No hay año donde no haya hecho una o dos obras. A mí me formaron para ser actor de teatro. Es lo único que me alimenta en mi crecimiento y desarrollo. Descubrir qué me pasa con mis herramientas de trabajo o confrontar con el público en el aquí y ahora. A diferencia del cine y la televisión, que por algo se los llama “medios”, en el teatro sos va-lorado -o desvalorado- en el momento.


La prueba, con Pablo Rago y Gabriela Toscano

CHAPE FOREVER

-¿Cuál de todos los personajes que hizo le dejó el mejor recuerdo?
-Recuerdos, buenos o malos, te dejan todos los personajes que hacés. Pero si lo llevamos a la popularidad, para la gente sigo siendo el comisario Chape de Poliladron. En la calle me decían: “Usted es el policía que tendríamos que tener”.

-Y es que Chape era el paradigma del buen policía en una Bonaerense corrupta.
-Me acuerdo una anécdota, quizá la más graciosa de todas. Me invitaron al debut de un programa periodístico en el que estaban, entre otros, Luis Majul y Marcelo Longobardi. Cuando llego al canal veo la entrada llena de patrulleros. No entendía nada. En el estudio estaban los jefes de la Federal y la Bonaerense y a mí me hicieron sentar en medio de los dos. A los comisarios lo presentaron al aire explicando tal o cual problema que tenían con la Justicia, y a mí como “el policía más creíble”. Pero ahí no terminó la sorpresa. Cuando llega el primer corte, después de haberle dado bastante duro a la institución policial, se me acerca el comisario de la Federal y me dice: “Cómo me gustaría estar en su lugar”.

-En esa época, los noventa, se consolidó una generación de actores, entre ellos usted, que le dieron un aire completamente nuevo a la televisión y el cine.
Los noventa son una etapa muy extraña y bastante loca. Todos creímos que estábamos de verdad en el Primer Mundo. No veíamos, o no queríamos ver, lo que estaba pasando realmente en el país. Me acuerdo cómo lo criticaban a Suar por su idea de hacer Poliladron en calidad cinematográfica. Igual se apostó a eso y a otras mejoras como el sonido de los tiros. Se fue tomando conciencia de lo real. Poliladron fue la primera serie que manifestó la corrupción policial. Por eso quizá el personaje de Chape, que tenía que pelear contra ese flagelo, tomó más envergadura. Yo siempre le digo a Adrián que, aunque no tengamos una plaquita recordatoria, fuimos modificadores de la televisión.

-En Los secretos de papá interpreta a un homosexual. ¿Es su primer rol de este tipo?
-En la película ¿A dónde queda el paraíso? Había hecho de un gay fisicoculturista venido a menos. Pero en televisión es la primera vez. Algunos medios lo calificaron como el del gay más sutil que se había visto en la tv argentina en su historia. Generalmente a los homosexuales se los caricaturiza o se les saca humanidad. Cuando me ofrecieron el papel yo dije que lo iba a explorar de un lado distinto. Y salió un personaje que me da mucha gratificación.


Osvaldo Santoro y Hernando Arbelo
 

DE CASEROS SOY

Santoro se define como de perfil “bajísimo”. No va a los estrenos de sus obras o películas y no le gusta para nada mostrarse en revistas del jet set. Fuera del estudio o el escenario es hombre de la casa. Ni bien termina de trabajar vuelve “volando” a su chalet de Caseros al encuentro de la familia y sus dos hobbies preferidos: escribir y explorar el cielo con un telescopio. Sí, aunque parezca difícil en una carrera de tanto vértigo, y a veces caótica, Santoro encontró tiempo y paciencia para la astronomía. No sólo eso: su casa es prác-ticamente una creación suya. La compró en el ´80 -en el barrio vivía desde tres años antes en un departamento- “hecha pomada” y de a poco le fue cambiando la cara. Al verla hoy es difícil creer que ahí hubo una vez un taller gráfico.

-¿Qué le parece el barrio?
-Es un lugar histórico por el cual algún día voy a escribir algo, no sé bien de qué género todavía, con la Batalla de Caseros como marco. Más allá de eso, el barrio es muy atractivo y lo quiero profundamente. La plaza Pineral vio crecer a mis hijos y siempre que quiero ver una película voy al cine Paramount.

-¿Qué es lo mejor y lo peor de Caseros?
-Creo que la Universidad de Tres de Febrero era un emprendimiento que le hacía falta. El barrio tiene material humano e intelectual como para crecer notablemente. Hay que hacer que Caseros sea recordado no sólo por (Alejandro) Dolina y Tanguito. Malo no se me ocurre nada. Quizá, y en esto estoy de acuerdo con las quejas de muchos vecinos, habría que limitar el paso de camiones o darles una ruta alternativa. Por acá pasan muchos con containers y la casa tiembla.

Osvaldo Santoro es un actor de primer nivel y un vecino más de Caseros. Y de los buenos: ni bien termina esta entrevista se prepara para compartir buen asado sabatino con el mecánico que trabaja frente a su casa.