La vida empieza a los cuarenta, dice un ya desgastado
proverbio. Para el reconocido actor Osvaldo Santoro fue
exactamente así: se largó a trabajar en
televisión a los 45 años. Era Sinistri,
un vendedor empedernido, charlatán y fanfarrón,
que, allá por 1993, hacía causa común
con Ricardo Darín para acosar Luis Brandoni en
Mi cuñado. Sin embargo, el personaje suyo que más
prendió en el imaginario colectivo estaba en las
antípodas de aquel porteño de ley. Era Chape,
el incorruptible comisario de la Bonaerense que trataba
de poner en vereda, no con mucho éxito, al Nene
Carrizo de Adrián Suar en Poliladron (1995). De
ahí en más la pantalla chica y el cine lo
tuvieron siempre, sea con Suar o Marcelo Tinelli, como
padre de familia, actor, guardicarcel odioso, o como ahora
en Los secretos de papá con Dady Brieva, un homosexual.
Hablar de la trayectoria televisiva de Santoro, empero,
es quedarse solamente con el co-rolario. La largada en
la carrera por la notoriedad que envuelve a cualquier
actor había empezado para él mucho tiempo
antes, en los convulsos setenta de Federico Luppi, Pepe
Soriano y otros tantos grandes. El debut fue en teatro
para, una década después, ir asomando de
a poco en un cine con aroma democrático.
En su chalecito de la calle Rebizzo, en una parte de
Caseros de casas bajas, muchos baldíos y fábricas
relegadas por la desindustrialización, Santoro
charló con Guía Palomar en una doble faceta
de actor y vecino de casi treinta años en el barrio.
EL TEATRO, UN SACERDOCIO
-¿Por qué decidió ser actor?
-En realidad había empezado Odontología.
Mi padre decidió por mí. Yo había
terminado el secundario y tenía una hepatitis que
no me podía mover. Así que fue y me anotó
él. Yo no estaba seguro si realmente quería
ser dentista, pero mi viejo había hecho un gran
sacrificio para que siguiera una carrera universitaria.
-Pero al final se salió con la suya
-Mi padre fallece muy joven, a los cincuenta.
Era 1968. Yo tenía veinte y estaba en el tercer
año de la carrera. Pero sentí que podía
em-pezar de nuevo y salí corriendo a anotarme al
Conservatorio Nacional, que era lo que yo siempre había
querido. Pero respondiendo concretamente a tu pregunta,
yo creo que hacerme actor fue, y no me da vergüenza
decirlo, una cosa de exitismo. Yo era muy tímido,
tenía mucho acné en la cara, era muy retraído.
Me daba la impresión de que subiéndome 50
centímetros encima de la gente en un escenario
iba a ser tenido en cuenta. Es como los chicos van a la
televisión para que los vean. Eso fue el motor
que me impulsó en aquel tiempo. No hubo ninguna
vocación maravillosa. Después descubrí
que tenía posibilidades.
-¿Cuál era el medio en el que quería
hacer carrera cuando estudiaba?
-En el Conservatorio no te dejaban hacer otra
cosa que no fuera teatro.
Era una especie de sacerdocio. Si hacías televisión
eras muy mal visto, e incluso a veces te echaban. Eso
a mí me hizo un surco en la cabeza. Y terminé
haciendo televisión porque un director de teatro
como el gordo Viale me pidió que hiciera de Sinistri
en Mi Cuñado- Dijo que me veía bien teatral
para interpretar personaje que era muy chanta. Y me largué.
Pero hasta entonces tuve el cerebro lavado con que no
tenía que hacer televisión.
-Y al final trabajó y trabaja en los tres
medios. ¿Hay alguno donde sienta que desarrolla mejor sus capacidades?
-El teatro es el único lugar donde no me permito
parar nunca (en estos momentos presenta en Mar del Plata
la multipremiada La prueba, con Pablo Rago y Gabriela
Toscano). No hay año donde no haya hecho una o
dos obras. A mí me formaron para ser actor de teatro.
Es lo único que me alimenta en mi crecimiento y
desarrollo. Descubrir qué me pasa con mis herramientas
de trabajo o confrontar con el público en el aquí
y ahora. A diferencia del cine y la televisión,
que por algo se los llama “medios”, en el
teatro sos va-lorado -o desvalorado- en el momento.