..septiembre 2005

Roberto Quiñones Molina

Es un neurocirujano Cubano que vive en Ciudad Jardín. Dejó su país hace once años y algunos días. Desde entonces no volvió a ver a su madre y a su abuela. El gobierno cubano no las deja salir.

Por Emiliano Pardo
emi_pardo@guiapalomar.com
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¿Cómo fue que dejó Cuba?
Poco después de casarme en mi país con Verónica, en medio de un conflicto político que se estaba gestando contra mi familia, me salió un viaje de trabajo a Japón. Durante el viaje, las cosas se pusieron peor, las diferencias con el gobierno de Cuba se hicieron irreconciliables y decidimos venir a vivir acá, donde había nacido mi esposa.
Se lo ve tranquilo por poder disfrutar de sus dos hijos y de su familia, a la cual valora más que el trabajo y la ubica en su escala de valores antes que cualquier otra cosa. Igualmente sufre el desarraigo pero entiende el contexto histórico y social en el que su madre lo desatendió un poco mientras defendía la revolución en el momento de mayor efervescencia.

¿Con quién pasó su infancia?
Mi crianza estuvo sobre todo a cargo de mis abuelos maternos porque mi madre dedicaba todo su tiempo a luchar entre otras cosas, como alfabetizadora en las montañas, por la revolución. Esa revolución que hoy nos separa.

¿Qué es lo mejor y lo peor del comunismo en Cuba?
El comunismo le da educación y buen servicio médico gratuito a su gente, que eso es muy bueno. Pero también separa los vínculos familiares, eso es lo peor que tiene, censura y corta los derechos individuales.

¿Cómo es su relación con los medios de comunicación?
Mi familia y yo les estamos agradecidos porque nos apoyaron muchísimo dándonos la posibilidad de mostrar nuestro caso a la opinión pública, metiendo así un poco de presión moral sobre el gobierno de mi país.

Si hoy volviera a su país, ¿crée que lo dejarían volver a salir?
Ellos dicen que si, pero yo creo que no. Una de las razones que tengo para no confiar en la palabra del gobierno cubano es que mi suegra, esto es una primicia, viajó a visitar a mis familiares ayer (31/07/05) y, como nunca antes le había pasado (viaja cada dos o tres años), le hicieron abrir el equipaje y le revisaron prenda por prenda.
Entonces que garantías puedo tener yo, por más naturalizado argentino que esté, por más que tenga esposa e hijos ar-gentinos, de que no me van a bajar del avión y no me van a meter preso por alguna causa inventada. Sería sufrir una doble separación, porque a mis hijos no los vería más.
Lo bueno es que no lo olvidaron, nuestro presidente tiene su caso como eje de su próxima visita a Cuba.
Roberto no habla de política, ni de ideologías, simplemente pide que sus dos hijos tengan la posibilidad de conocer a su abuela paterna y que su familia pueda compartir una mesa como cualquier otra.
Ojalá los reclamos de Roberto, su familia, y todos los que los apoyan, sean oídos por Fidel Castro y el gobierno cubano "libere" a su madre y su abuela lo más pronto posible.