..mayo
2006
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Durante 52 años los primos hermanos Muotri Oscar Cacho y
Donato Cholo- le acercaron las noticias del país a gran
parte de los jardinenses. “A las cinco y veinte de la
mañana estábamos ya esperando los diarios en la parada
(escaparate, en la jerga canillita) donde confluyen
Matienzo y Wernicke”, recuerda Cholo. Es ese puesto de
material, cómodo y práctico, que tan-to contrasta con los
de metal verde o azul. 52 años. Toda una vida
El 14 de marzo pasado, Cacho fue a recibir los diarios que
todavía tenían la tinta fresca- por última vez. Al día
siguiente se descompuso y el 18 falleció. Por primera vez,
en muchísimo tiempo, la parada de Matienzo y Wernicke
estuvo cerrada un día que no era ni Navidad, Año Nuevo o
el Día del Trabajo, los únicos tres francos de la
sacrificada vida del diariero. Cacho, ese hombre fornido
de mirada calma e intensa, estuvo, fiel a su oficio,
siempre.
Cholo, jardinense de toda la vida, prefiere rendirle
homenaje recordando ese más de medio siglo que
compartieron codo a codo, desde que empezaran trabajando
para el padre de Cacho en la estación de Palomar allá por
1954. Todo muy distinto. Una Ciudad Jardín cuasi rural,
trenes a vapor y publicaciones que el tiempo vería
extinguirse, Crítica, Noticias Gráficas, El Mundo, Rico
Tipo. Y nada de reparto en bicicleta. “Los diarios los
llevábamos en una bolsa con correa que te dejaba el hombro
a la miseria. A eso sumale hacerlo en el invierno y en
medio del barro de los días de lluvia”, grafica Cholo.
En el ´59 se pusieron por su cuenta en Matienzo y Wernicke,
una parte del barrio casi virgen. Cholo cuenta una
anécdota que la define perfecto: “El primer día iba a la
parada en bicicleta, por una calle Wernicke totalmente
oscura, me tragué un caballo suelto que se me apareció de
entre los eucaliptos”.
Pero prosperaron. El cemento le fue ganando al baldío y
aparecieron los clientes que, en muchos casos, “terminaron
siendo más que nada amigos”. Esos mismos que dejaron
correr unas cuantas lágrimas cuando Cacho se fue. El
quiosco se hizo una parada obligada para los que querían,
viajando al trabajo en el Urquiza, desayunarse de lo que
pasaba en el país. Cholo pudo pasar de dormir la
tradicional “siesta vespertina” en un departamento de
Pensamientos a su actual casa en Franco y Coli.
Estuvieron los tiempos difíciles también. “En la época de
la Dictadura tuvimos un punto de concentración de soldados
justo enfrente del quiosco”. Y fueron aquellos años en
donde los diarieros “perdieron ocho de los once francos
que tenían al año, incluyendo el Día del Canillita”.
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Pero, entre clarines y naciones, billikenes y patoruzitos,
Cacho y Cholo la siguieron peleando. El 14 de marzo, uno de
los primos se fue. Pero en el recuerdo de Cholo, y de todos
los que pasaron y pasan por Matienzo y Wernicke, Cacho siempre
va estar, como buen canillita. |
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