<< Origen del nombre de las calles

El Océano Atlántico enorme, imprevisible, presentó los desafíos más formidables a los primeros aviadores. Después de los horrores de la "primera gran guerra", la conquista del Atlántico por Lindbergh había reencendido la imaginación y las esperanzas de un mundo roto. Pero para probar la realidad del transporte aéreo sobre el atlántico, había que empezar a volar regularmente entre ambos continentes

El irlandés, James Fitzmaurice, tenía la ambición de hacer el primer vuelo de este a oeste sobre el Atlántico. Para ello en septiembre de 1927, convocó al capitán Roberto McIntosh, conocido como "Mac para cualquier estación", ya que tenía fama de volar en cualquier estación del año y bajo cualquier condición meteo rológica, pero irónicamente tuvo que volver debido a las espantosas condiciones atmosféricas.

El deseo de un alemán aristocrático, el barón Gunther von Hunefeld, de reesta blecer la reputación de su país después de la humillación de la guerra, combina dos con el miedo a que al público americano pueda ser renuente a dar la bienvenida a los aviadores alemanes como héroes, lo lleva a convocar a Fitzmaurice a acompañarlo en su tentativa de conquistar el Atlántico, junto con el Capitán Hermann Koehl quien estaría a cargo del pilotaje de la aeronave.

En la gris mañana del 12 abril de 1928, ante una atenta muchedumbre, el "Bremen", un Junkers W33 tripulado por Hunefeld, Fitzmaurice y Hermann Koehl despega de Dublín (Irlanda) con destino a Terranova (Canadá).

37 horas y 3.564 kms. después, Koehl logra aterrizar con seguridad en un lago congelado en la isla de Greenly, y así se ganan su lugar en la historia.

Dos millones de personas los reciben en su llegada a Nueva York.