Negociado con las tierras de
El Palomar
El negociado de las tierras de El Palomar, explicado en pocas palabras, consistió en lo siguiente:
el ministro de Guerra, general Márquez, decidió comprar 222 hectáreas para agrandar el Colegio Militar y otras dependencias militares. Propietarias de esas tierras eran las hermanas Pereyra Iraola de Herrera Vegas que se la ofrecen en venta al Ejército.

La Dirección General de Ingenieros tasa esas tierras en 19 centavos la unidad métrica por "ser terrenos anegadizos y de poca calidad". Pero el general Márquez se las arregla para que el Presidente da la Nación, Dr. Ortíz, firme un decreto que autoriza un precio de 1,10 pesos por unidad métrica. Y la venta se hace de este modo: las propietarias le venden a un intermediario las tierras en 1.447.906 pesos y en el mismo acto ese intermediario, Néstor Luis Casás, se las vende en 2.450.303 a la Nación. Es decir, que en unos minutos, el intermediario ganó 1.003.000 pesos limpios de polvo y paja. Por supuesto ese intermediario, era un testaferro de importantes hombres del gobierno.

Todo saldrá a la luz gracias a un periodista: José Luis Torres, de la revista “Ahora”. En una sociedad llena de presiones, miedos y misterios, de pronto la verdad se abre paso y es incontenible.

En el Parlamento había también hombres honestos, pocos... pero los había. Los senadores Suárez Lagos, Benjamín Villafañe y Alfredo Palacios serán los artífices de una investigación a fondo. El pueblo no cree: "se van a cubrir entre ellos", "no va a pasar nada", murmura. El humor popular ha apodado "Palomárquez" al "pundonoros" general Márquez., quien trata de echarle la culpa a sus subordinados a lo que provoca la airada reacción de sus generales Ramón Molina y Juan Bautista Molina.

El senador Benjamín Viltafañe lanza una bomba: con las tierras compradas por el Ejército en El Palomar se hizo un negociado, que benefició a jefes militares y diputados. Una Comisión Investigadora descubre entre los beneficiarios a cinco diputados, conservadores y radicales; uno de ellos, Victor Guillot, se suicida al comprobarse su culpabilidad. El diputado socialista Palacios cuestiona al ministro de Guerra, general Márquez, e indirectamente al presidente Ortiz. Éste contra golpea; envía su renuncia, y acusa a sus acusadores: se quiere obstaculizar su acción de limpieza institucional Momentáneamente tiene éxito: la renuncia es rechazada casi unánimemente, y el general Márquez es exculpado.

El escándalo es tan grande que renuncia el propio presidente de la Nación Doctor Ortíz. aunque tal renuncia no es aceptada, el mandatario no volverá a aceptar su cargo por razones de enfermedad y lo suplantará el vice, Ramón Castillo. El gabinete renunciará en pleno, entre ellos el general "Palomárquez". Siete implicados recibirán penas de cárcel de hasta seis años, entre ellos el presidente de la Cámara de Diputados, Juan G. Kaiser.

El diputado Guillot se suicida antes de que se le inicie juicio.

Pero a pesar de que esta vez no hubo impunidad -aunque no todos los culpables fueron condenados- este negociado fue la gota que faltaba para que el régimen cayera en descrédito.

A este negociado se le agregaban los de la CHADE, el de los colectivos, el de los "niños cantores" de la Lotería Nacional. Coima se escribía con mayúscula en el país de los argentinos.

Al régimen de la "concordancia" de conservadores y radicales antipersonalistas se les había ido la mano. Se habían creído dueños del poder para imponer su moral. Y cayeron el 4 de junio de 1943, sin pena ni gloria, sin que nadie se molestase en salir a la calle para defenderlo.

Una lección para aprender, hoy. Al que se cree impune, al que le parece que pisotear principios es ser inteligente y fuerte, el tiempo y la historia le terminan por enseñar lo contrario.

Cuando en la Argentina un gobernante termine más pobre que cuando llegó al poder, recién en ese momento el país será una fiesta. Más vale diez niños con un vaso de leche que un palacio en Anillaco.