Sobre un cuento de Máximo Censori
Nos pareció oportuno publicar esta narración escrita hace 50 años, que cuenta aspectos de la vida diaria de principios del siglo XX, es decir que nos acerca a lo que ocurría hace 100 años atrás. Aquí se hace mención a la primera revista barrial que hubo en la zona y que tenía el mismo espíritu que tiene la nuestra hoy: fomentar un vínculo entre vecinos para tratar de vivir un poco mejor. Para el año 1903, la estación El Palomar no existía y si un vecino debía viajar a la Capital Federal debía ir en carro hasta Caseros, para emprender el viaje desde allí Las épocas han cambiado un poco y si no nos cree, lea...

El joven Angel Merlo se detuvo un instante en el andén de la estación Caseros, por el cual se paseaba hacía largo rato, y extrajo de uno de los bolsillos de su atildada vestimenta de galán del 900, una tarjeta del ferrocarril Buenos Aires al Pacífico.

Detuvo en ella su vista mientras del bolsillo del infaltable chaleco, típico de aquella época, extraía un voluminoso reloj de oro, aquella mañana estival del febrero de 1903. Reloj y horario demostraron incuestionablemente que el orgulloso ferrocarril inglés estaba faltando a sus más elementales deberes con el único pasajero que necesitaba utilizar sus servicios, quien llegó a la estación agitado y sudoroso para comprobar, que su reloj estaba adelantado treinta minutos, lo cual significaba media hora de plantón a la espera del tren; saludó al solitario y soñoliento jefe de la estación con la solicitud debida, en esos tiempos en que la buena educación era patrimonio de ricos y pobres, y cambió con él interminables consideraciones sobre el estado del tiempo, pagó los veinte o treinta centavos que tal vez costara el boleto de ida a Retiro.

Nuestro amigo se armó de paciencia y miró en el dorso de la tarjeta la salida de los trenes desde Retiro, para poder calcular que tren podía tomar al cabo de tres o cuatro días de permanencia en la Capital. A las 9,42 PM (así decía en la tarjeta) salía un tren con destino a las estaciones suburbanas. Al final de la línea correspondiente había una letra V que indicaba que el tren pararía en esa estación, sólo sí había pasajeros en ella. Quién habría de decirle al joven Merlo que cien años más tarde contemplaríamos esa mezcla de pasajeros con tren, como confirmación de la teoría darwiniana sobre los antepasados del hombre.

Y bien; en eso estaba nuestro viajero cuando oyó pasos que se aproximaban por el andén, y levantando la vista reconoció a otro joven de la época, José Mary, que se acercaba sonriente a estrecharle la mano.

“No, no viajo”, expresó Mary sonriente; “vengo en misión periodística, en mi carácter de redactor del semanario “Leader”, publicación semanal que vió la luz en Caseros allá por el 1902 o 1903, y cabe suponer que haya sido la primera manifestación del periodismo en nuestra zona. Este semanario circulaba de mano en mano, pues se confeccionaba en manuscrito, en unas cuarenta páginas sobre papel “romaní”, escritas e ilustradas en colores a mano.

Su material, en prosa y en verso, abarcaba desde los temas más serios hasta el chiste ilustrado. Contenía diálogos festivos, co-mentarios de actualidad, poesías en serio y en broma, temas históricos, notas sociales, correo, etc, en fin todo ese manantial de temas típicos de las publicaciones de pueblo, llenas de sabor local, que haría, sin duda alguna, las delicias de aquellas gentes enclaustradas en aquellas soledades.

Tengo en mis manos un ejemplar del viejo semanario. Precisamente el que lleva fecha 3 de febrero de 1903, en cuya sección “Vida Social” aparece una nota que reza así: “El martes 3 de febrero se ausentó para la Capital Federal, el simpático joven Angel Merlo. Creemos que su ausencia será breve.”

 

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