Ariel

No recuerdo muy bien las fechas, pero esto habrá sucedido allá por los finales de los años 80. Mis viejos decidieron hacer un viaje a Europa, y los tres hermanos nos quedamos solos. Yo ya era grandecito, debía andar por los 23 años y además era el hermano mayor. Mi viejo antes de salir me lo recordó: "Quedas a cargo. Sos el responsable de tus hermanos y de la casa. En 15 días volvemos. No se manden ninguna macana". Y allí quedamos los tres. Con toda la casa a disposición y con toda la libertad que pueden sentir los jóvenes cuando papá y mamá se van.

Antes de que llegaran a Ezeiza, mi hermanito menor (andaría por los 16/17 años) ya estaba llamando por teléfono a todo el mundo, contándole la noticia: "!!!Tenemos TODA la casa para nosotros!!!". Traté de escuchar disimuladamente y enterarme de que se trataba. Finalmente me rendí y conociendo las trapisondas a que nos tenía acostumbrado, pregunté: "Che.. ¿que estás tramando?". Una fiesta!!! Fue su respuesta mientras se le iluminaban los ojos. "Ajá….bien…¿y a quienes vas a invitar?" pregunté tratando de no sonar como un padre. Su respuesta fue confusa e ininteligible. Insistí: "¿a los amigos del Rivadavia?, tenemos que comprar algo para comer, entonces…". "No te preocupes" me dijo "los chicos traen para comer y tomar". El sábado a eso de las 10 de la noche, comenzaron a llegar, todos traían para "tomar", y ninguno para "comer". A eso de las 11 el desfile seguía…, ya eran como dos divisiones del Rivadavia,… a las 12 calculé que TODO el Colegio estaba en casa y a eso de la 1 de la mañana ya sumaba a los colegios "Alemán" y al "Shull". A eso de las 2 de la mañana un cálculo modesto me indicaba que medio Ciudad Jardín, bailaba y saltaba al ritmo de una banda que tocaba a todo volumen, sobre un improvisado escenario construido con mi mesa de ping-pong!!!.

El primer llamado fue a eso de las 3. La vecina del fondo me pedía que bajáramos la música. Traté de llegar de la cocina al fondo, pasando sobre una parejita que "apretaba" dos borrachos que intentaban atrapar al gato, cuatro desconocidos, que por la edad me pareció que no podían ser compañeritos de mi hermano, que hurgaban en la heladera y un pelado que intentaba prender con la hornalla un cigarrillo que no parecía de tabaco. Al llegar al fondo, ví el tumulto desenfrenado y me di cuenta que no tenía el más mínimo sentido pedirles algo. Mucho menos que bajaran la música.

03:30 AM. Segundo llamado. La vecina amenaza con llamar a la policía si no cortamos la música. Intento explicarle, en vano, que es sábado y es una fiesta. El pelado sigue intentando con la hornalla, la parejita tiene mucha menos ropa, los borrachos lograron atrapar al gato, y los cuatro desconocidos que por la edad no parecían compañeritos de mi hermano, ahora hurgan en el cuarto de mis padres.

A eso de las 4 una luz azul invadió el comedor. Miré y por la ventana pude ver co-mo descendían 2 uniformados del patrullero. Me imaginé detenido, con mis viejos en Europa!, y no pude creer que me estuviera pasando eso. El oficial a cargo me dijo que tenía 30 segundos para apagar definitivamente la música. Llegué al fondo como pude y suspendí todo ante la cara de odio de mi hermanito y sus "amiguitos". Todos comenzaron a irse y luego lo hizo la policía. Y así pasó… ese fue el primer y último recital de LOS PIOJOS, en el fondo de mi casa.

 

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