Máximo Censori
En 1910, si inaugura la Estación “EL Palomar” del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, que había sido autorizada a construirse el 21 de julio de 1908. El desarrollo del pueblo de El Palomar, comienza el 8 de noviembre de 1910 cuando don Publio C. Massini lleva a cabo el primer remate de tierras, ocasión en que adquiere parte de las mismas don Manuel Eguía, quien llegado de España en 1872, instala una fonda en los campos de don Rudecindo Roca (actual Base Aérea). Hasta ese momento los reseros y el personal de saladeros de la zona debía ir, para realizar las compras y tomarse unos traguitos, hasta la pulpería de Morón ó la de Caseros. Y cuentan que en esta última ocurrió esta historia, hace ya más de 105 años atrás.


“¡Ahí llega el comesario!”, dijo alguien en la pulpería. Sobre la calle San Martín, se encontraba, ese caluroso verano del año 1900, La Pulpería, que era el primer y único "boliche" de Caseros, ya que el poblado no daba para más de un negocio y en él había que adquirirlo todo, desde un ungüento milagroso para el empacho hasta una memorable borrachera. Allí sabían reunirse los domingos, los primeros pobladores de Caseros allá por principios del siglo XX. "Ahí llega el comesario!" dijo alguien en la pupería. Sería un Cafferatta, un Goso, un Veccina, un Cervetto, un Guisulfo, un Ferro, un Picasso…quien sabe…
Todos ellos eran habituales parroquianos de la pulpería, y quienes otros podían ser, si "todos" los pobladores de la zona de aquella época, eran ellos.
"¡Ahí llega el comesario!", dijo el parroquiano y efectivamente en el marco de la puerta se recortó la figura arrogante y autoritaria del representante del orden público. Se detuvo unos instantes en la puerta fijando su escrutadora y penetrante mirada en cada uno de los parroquianos. Su gesto era grave y acusador, tan grave y acusador como lo era en todos los momentos del día; por eso nadie se inmutó; con tono efusivo y amistoso llegaron al funcionario los saludos de los presentes.
Se arrimó el "comesario" al estaño junto al paisano que había anunciado su llegada.
-¿Qué tal Don Pedro?
-Bien, y usted, don…
-A ver patrón, sirva algo…¿Qué toma , Don Pedro?
-A mí sírvame un "Alcalde".
-Dos "Alcaldes" entonces.
Y ambos hombres se rieron dando grandes voces.
El pulpero sirvió dos Hesperidinas que era la bebida que invariablemente introducía en el cuerpo y en el espíritu el benemérito Alcalde don Felipe Baldini, esposo de la heroica maestra de nuestros bisabuelos doña Herminia B. de Baldini, primera directora, maestra, portera y ama de casa de la primera escuela de Caseros, en aquel ranchito de madera y chapa, pegado a la pulpería y donde en una única aula de entreveraban los conceptos del 1er. al 3er. grado, únicos y demasiados para una época en que la cultura era privilegio de ricos.

-A ver Don Juan, necesito que me diga exactamente el número de gallinas, que fueron sustraídas de su gallinero en la madrugada de hoy, según la denuncia que ha formulado en el destacamento.
-Vea señor "Comesario", contestó Don Juan, creo que son como…
-¡Un momento! Creo que son como…!No!. El éxito de la pesquisa de-manda el número exacto de las gallinas desaparecidas.
-Espere un momento "Comesario", déjeme pensar… a ver, a ver…sí son 14 señor, justito 14 gallinas son las que se han llevado los muy sotretas…
-Muy bien, agregó el funcionario tomando nota con trabajo en su libreta.
-A ver, y a usted, don Pedro, cuantas gallinas le faltaron de su gallinero.

Y así continuó el interrogatorio de los cuatro parroquianos que la noche del sábado habían sido víctimas del audaz atraco con la consecuencia de la desaparición, según lo investigado por el "comesario", de 43 ovíparos. Finalizada la investigación se retiró el representante de la ley con la misma arrogancia con la que había llegado, previo engullirse un par de "Alcaldes" más, que como es lógico suponer pagó Don Juan.
 

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