noviembre 2006

Por Guillermo Contreras
Ganador del 4º premio del Concurso Literario.

Entramos en Plate y busco con la mirada donde puede estar. En la vereda del frente sentado tomando un café, de espalda a nosotros, lo señalo y vamos hacia él, el inspector ha venido desde Francia, con su impermeable, la pipa y con varias carpetas en la mesa nos espera.

Cuando lo contratamos en realidad fue para desentrañar un viejo mito de Ciudad Jardín, mito al que quisimos dar explicación y tal vez desmentir, esa fue la primera intención. Alguien dijo de contratarlo, entre ellos las honorables comisiones de vecinos y comerciantes de la ciudad, en realidad todos estábamos entusiasmados, algunos como creyentes y buscadores, otros como detractores, y los más como espectadores cansados de tanta discusión.

El inspector dijo que ya tenía resuelto el caso. Comenzó con un discurso desbor-dante de autoestima, hablaba de los mejores casos de la historia del Inspector Cluseau, de sus deducciones meritorias, de casos resueltos.

Luego se lo vio como agrandarse, a medida que abría la carpeta inspiraba, y se notaba que su imagen colmaba el café. Para este momento ya éramos los veinte comisionados y unos treinta comensales los que seguían su relato. El humo de la pipa hacia extrañas figuras a su alrededor, el mítico inspector continua. En estas fotos podrán ver las pruebas suficientes, y levantó una foto de don Marco yendo a la escuela con delantal blanco cruzando la plaza de Lodelpa.

Una segunda donde se apreciaba a don Marco adolescente de la mano de una chica en un bar de Plate. Y en la tercera don Marco ya avejentado entrando a una librería en Bou-levard. En las tres fotos podíamos ver claramente que el fotografiado era la misma persona, sus rasgos eran claros.

Sacó un viejo libro, dijo que lo encontró oculto debajo de un archivo de COA, firmado por la “Sociedad Secreta de Magos de Ciudad Jardín”. Nos miramos desconcertados, esto si parecía interesante. Primera página socios fundadores... leyó de forma que no se le entendía bien, avanzaba hasta algún nombre Juan sin apellido y aquí está, Don Marco, socio fundador. Su presencia en el documento nos sorprendió.

Página treinta y dos siguió leyendo co-rresponde al tercer encuentro de la orga-nización, mayo de 1964, los lugares detectados para buen uso de la energía mágica son tres a saber, el primero corresponde a la librería de Lodelpa donde las fotos de los jugadores de fútbol se apoyan en los cuadernos, el segundo a una casa de ropa y uniformes de colegio en Plate y el tercero a la panadería con horno de Boulevard...

Todos los lugares existieron, los conocíamos, nos miramos y ya comenzábamos a hablar entre nosotros cuando el inspector se puso de pie y leyó, página ciento veinte correspondiente a la ultima reunión de la Sociedad Secreta, fechada en el año 1966, ...este día podemos decir que las antenas mágicas bien orientadas son los esqueletos de edificios sin terminar que algún maestro desconocido dispuso de forma tal que entrando como niño a la librería de Lodelpa salimos como adoescentes de la tienda de ropa de Plate, o entrando como anciano en la panadería de boulevard salimos de la librería para ir al colegio. Pero hoy cuando el encargado de entrar a la panadería era don Marco nos sorprendió la llegada de camiones que comenzaron a bajar ladrillos en los es-queletos de Finca, dicen que pronto terminarán estos edificios...

Silencio en el café.

El inspector recalca, las tres fotos que les mostré son del sábado pasado por la mañana, entre las diez y las doce. El inspector nos salió caro, volvió a Paris.

Yo no puedo decir quienes éramos los veinte comisionados a escuchar al ins-pector, pero sumando los comensales somos poco más de cincuenta los que ese día firmamos una página más del libro que se guardó en el archivo de COA junto a las tres fotos y la frase que escribió el mismo inspector “Las ciudades una vez que cumplen mayoría de edad pasan a tener sus propios fantasmas”.