Entramos
en Plate y busco con la mirada donde puede estar. En la
vereda del frente sentado tomando un café, de espalda
a nosotros, lo señalo y vamos hacia él, el
inspector ha venido desde Francia, con su impermeable, la
pipa y con varias carpetas en la mesa nos espera.
Cuando lo contratamos en realidad fue
para desentrañar un viejo mito de Ciudad Jardín,
mito al que quisimos dar explicación y tal vez desmentir,
esa fue la primera intención. Alguien dijo de contratarlo,
entre ellos las honorables comisiones de vecinos y comerciantes
de la ciudad, en realidad todos estábamos entusiasmados,
algunos como creyentes y buscadores, otros como detractores,
y los más como espectadores cansados de tanta discusión.
El inspector dijo que ya tenía resuelto
el caso. Comenzó con un discurso desbor-dante de
autoestima, hablaba de los mejores casos de la historia
del Inspector Cluseau, de sus deducciones meritorias, de
casos resueltos.
Luego se lo vio como agrandarse, a medida
que abría la carpeta inspiraba, y se notaba que su
imagen colmaba el café. Para este momento ya éramos
los veinte comisionados y unos treinta comensales los que
seguían su relato. El humo de la pipa hacia extrañas
figuras a su alrededor, el mítico inspector continua.
En estas fotos podrán ver las pruebas suficientes,
y levantó una foto de don Marco yendo a la escuela
con delantal blanco cruzando la plaza de Lodelpa.
Una segunda donde se apreciaba a don Marco
adolescente de la mano de una chica en un bar de Plate.
Y en la tercera don Marco ya avejentado entrando a una librería
en Bou-levard. En las tres fotos podíamos ver claramente
que el fotografiado era la misma persona, sus rasgos eran
claros.
Sacó un viejo libro, dijo que lo
encontró oculto debajo de un archivo de COA, firmado
por la “Sociedad Secreta de Magos de Ciudad Jardín”.
Nos miramos desconcertados, esto si parecía interesante.
Primera página socios fundadores... leyó de
forma que no se le entendía bien, avanzaba hasta
algún nombre Juan sin apellido y aquí está,
Don Marco, socio fundador. Su presencia en el documento
nos sorprendió.
Página treinta y dos siguió
leyendo co-rresponde al tercer encuentro de la orga-nización,
mayo de 1964, los lugares detectados para buen uso de la
energía mágica son tres a saber, el primero
corresponde a la librería de Lodelpa donde las fotos
de los jugadores de fútbol se apoyan en los cuadernos,
el segundo a una casa de ropa y uniformes de colegio en
Plate y el tercero a la panadería con horno de Boulevard...
Todos los lugares existieron, los conocíamos,
nos miramos y ya comenzábamos a hablar entre nosotros
cuando el inspector se puso de pie y leyó, página
ciento veinte correspondiente a la ultima reunión
de la Sociedad Secreta, fechada en el año 1966, ...este
día podemos decir que las antenas mágicas
bien orientadas son los esqueletos de edificios sin terminar
que algún maestro desconocido dispuso de forma tal
que entrando como niño a la librería de Lodelpa
salimos como adoescentes de la tienda de ropa de Plate,
o entrando como anciano en la panadería de boulevard
salimos de la librería para ir al colegio. Pero hoy
cuando el encargado de entrar a la panadería era
don Marco nos sorprendió la llegada de camiones que
comenzaron a bajar ladrillos en los es-queletos de Finca,
dicen que pronto terminarán estos edificios...
Silencio en el café.
El inspector recalca, las tres fotos que
les mostré son del sábado pasado por la mañana,
entre las diez y las doce. El inspector nos salió
caro, volvió a Paris.
Yo no puedo decir quienes éramos
los veinte comisionados a escuchar al ins-pector, pero sumando
los comensales somos poco más de cincuenta los que
ese día firmamos una página más del
libro que se guardó en el archivo de COA junto a
las tres fotos y la frase que escribió el mismo inspector
“Las ciudades una vez que cumplen mayoría de
edad pasan a tener sus propios fantasmas”.