Cuando uno expresa lo que siente, ese sentimiento crece incontrolable. Y eso, puede resultar peligroso, si sucede entre dos personas casadas...
Estaba en 5º grado. La maestra enseñaba de una forma parecida a como se peinaba. Y se peinaba con el pelo armado con fijador.
Cierta vez nos pidió que lleváramos hojas de dibujo, pincel y temperas. Y lo hizo con la misma voz monótona con que recitaba a los integrantes de la primera junta. Todo hacía prever, que al otro día, no íbamos a dibujar otra cosa que una naturaleza muerta. Pero no... Pasó algo infinitamente mejor. Sucedió que quien iba a darnos la clase de educación plástica era otra persona: La mamá de un compañero.
Se presentó después del recreo. Verla... fue como desenvolver un chocolate. Su voz acariciaba el silencio de quienes la escuchábamos. Y tenía una boca, que besaba cada vocal que pronunciaba. Dijo que iba a llevarnos a pintar distintos lugares del barrio. Un lugar distinto cada clase. Y ese primer día, fuimos a la calle de las Tipas.
Teníamos que pintar los árboles con un estilo impresionista. Nadie del grado conocía sobre estilos de pintura, pero ella lo explicó de manera muy simple:
- Pinten con pinceladas cortas, y vayan superponiéndolas, unas sobre otras.
Mientras decía esto, un señor que pasaba en bicicleta detuvo su andar, y caminó hacia nosotros sin sacarle los ojos de encima. Parecía hipnotizado con la mamá de mi compañero. Se sentó al lado mío, me sacó la hoja y el pincel, y mojándolo en mis témperas fue pintando el retrato de esa mujer. La miraba con amor y la pintaba con entusiasmo.
Ella iba observando los dibujos de mis compañeros y cuando pasó por donde estábamos nosotros, el señor le dijo algo que le salió del alma:
- Desde que te vi, todo lo demás pasó a un segundo plano. Como si tu pelo fuese un pincel que va esfumando lo que te rodea. Solo a vos, puedo verte con nitidez.
Por suerte el hijo de ella, no lo escuchó, ni vio el gesto de agrado de la madre.
A sus ojos oscuros, se le superpusieron unas pinceladas claras de emoción. Lo que le dijo, despertó en ella, una mirada impresionista...
Una semana después nos llevó a la plaza de los ajedrecistas y nos sentó a cada uno en un cuadrado diferente del damero. Y cuando nos estaba explicando que el arte abstracto no representa temas reales, sino sensibilidad estética, apareció el señor enamorado. Se paró frente a ella y mirándola a los ojos nos dijo a todo 5º Grado:
- En la vida pueden hacer movimientos pautados como piezas de ajedrez, o caminar libres de acuerdo lo que sienten...
¡Los sentimientos! - dijo ella - es un lindo tema para el arte abstracto. Hoy chicos, vamos a pintar sentimientos...
Y nos dio a cada uno un sentimiento diferente. A uno le dio el olvido, a otro la simpatía, a otro el odio y así fue repartiendo el temor, la tristeza, la esperanza, la ira.
- Y yo dijo el señor voy a pintar EL AMOR.
- ¿Quién es mamá? Gritó el hijo.
Cerré los ojos, y pensé que el tipo estaba tan enamorado que no media los riesgos. Cuando los abro, la hoja donde tenía que dibujar había desaparecido. ¡La tenía el!. ¡Otra vez estaba usando mis útiles!.
Dibujó el amor con muchos círculos de diferentes medidas que parecían moverse hacía todos lados. Los mas chicos se hacían cada vez mas grandes hasta salir de la hoja.
Cuando ella se acercó a ver el trabajo el señor le dijo:
- El amor, es un sentimiento burbujeante. Así me siento desde que te conocí. En ebullición permanente.
Ella entrecerró los ojos y sus cejas negras quedaron paralelas a una incipiente sonrisa. Era su forma de expresar la felicidad de manera abstracta.
En las semanas siguientes pintamos el cine Helios con estilo expresionista. Hicimos un collage en la fuente del club Afalp. Y aprendimos sobre cubismo, dibujando la enorme campana de la iglesia.
El enamorado de la mamá de mi compañero, siguió usando mis hojas en blanco, para expresarle su amor.
En la última salida del año, nos llevó a la plaza Plate a dibujar palomas. Quería que dibujemos muchas palomas para que la mano se vaya soltando y logremos un estilo simple y espontáneo.
Llevó una bolsa de miguitas de pan y las distribuyó por donde estábamos sentados. Las palomas nos invadieron y mientras ellas comían, nosotros las dibujábamos. El infaltable enamorado, siguiendo sus sentimientos, se dedico a dibujar la boca de la mamá de mi compañero. La boca en distintos gestos. Me di cuenta que muy disimuladamente, ella le estaba haciendo de modelo. Y la secreta complicidad los divertía. El beso estaba por venir de un momento a otro. Por suerte el hijo había faltado...
De repente, se desencadenó todo. Una paloma hizo caca en mi dibujo y todos mis compañeros vinieron a verlo riéndose a carcajadas. Los enamorados aprovecharon la situación y se besaron. Yo era el único que los estaba viendo. Y también vi, al girar la cabeza, que desde el otro lado de la plaza se acercaban el hijo con el papá. ¡El marido! ¡Venía el marido!
Agarré mis dibujos y los tiré hacia arriba. Mis compañeros, continuando con el momento divertido repitieron mi gesto.
Cientos de palomas dibujadas, mas todas las palomas de verdad, que salieron espantadas, formaron una cortina de discreción. El beso, permaneció oculto, y el amor intimo, quedó a salvo.
Tuve mi premio, ella me dijo gracias, con esa manera tan personal que tenía, de besar cada vocal que pronunciaba.
Hoy, veintipico de años después de aquella historia, todavía camino por Ciudad Jardín con la esperanza de que aquel amor perdure.
Keaton