guía gastronómica 2006

La historia de que Marco Polo volvió de China trayendo a Italia la receta de los spaghetti es uno de los mitos más arraigados en la literatura gastronómica. Sin embargo, esta afirmación es aparentemente errónea.

Algunos historiadores ponen incluso en duda el hecho de que el genial veneciano llegara a penetrar en el reino prohibido. Argumentan que en sus relatos existen una serie de carencias, de imprecisiones, que dan lugar a la sospecha. Entre otras, deja de citar el té y la escritura ideográfica y sus descripciones de la geografía del país y las distancias entre las ciudades no es ni aproximada.

Hay, sin embargo, otro argumento aún más poderoso. Los spaghetti no son ni con mucho la forma más antigua de pasta. Hacer cintas, pasta plana e incluso macarrones, era sencillo y está documentado que los preparaban griegos y romanos antes de nuestra era.

Pero lograr las finas hebras de fideos y spaghetti requería de prensas poderosas y máquinas de extrusión, que no se inventaron hasta la mitad del siglo XIX.

La primera referencia escrita de los spaghetti aparece en un diccionario dialectal de la región de Piacenza en 1836, pero hasta 1846 la palabra no se hizo común en lengua italiana.

Esta variedad de pastas representa dos terceras partes del consumo mundial y no es extraño que se la haya querido buscar rancios abolengos como medida publicitaria por aquellos pioneros que deseaban popularizar el producto. Sin embargo, platos como los Spaghetti alla carbonara parece que se inventaron recién en 1944 durante la ocupación americana, con el fin de aprovechar las raciones de panceta y huevos que suministraba la intendencia militar.

 

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