Emiliano Pardo

Me visita otra cálida primavera, en estos 60 años me acostumbré a dormir poco y a que el canto de los pájaros sea una señal de que ya es hora de despertarse, hoy va a ser un día muy largo.

Las hojas secas caen sobre mí, sus crujidos hacen eco de las sombras tan místicas, tan mágicas, en tantos años prácticamente las comparto, día a día me lleno de anécdotas. Se amontonan en mí.

Durante los días de sol, el calor me hace cosquillas y contagio a mis vecinos dándoles la calidez que solo yo les puedo dar. Los días de lluvia, salpico recuerdos y emociones bañando a las palomas que me vienen a visitar.

Las bocinas de los autos, que ya forman parte de mi rutina, suenan sinfónicas y componen una célebre melodía junto con las bandas musicales de la zona.

Siento que fue ayer cuando recibí de brazos abiertos a aquel contingente que más tarde me daría brillo, vida, sueños y ambiciones de un habitante mas de mi misma, todavía escucho sus pasos, sus risas, sus ilusiones.

Me reflejo en los ojos de los turistas, de quienes me ven por primera vez, los encuentro deslumbrados, como si no supieran manejar mis delicadas y eternas curvas, que forman parte de una añeja historia de barrio.

Ya llegada la tarde, los chicos salen de los colegios y los invito a dar una vuelta en el avión de los sueños, ese en el que cada uno vivió aunque sea un instante y con el que todos tenemos anécdotas divertidas y tristes para contar. Después les presto mis árboles para que impriman sus nombre junto al de su primer amor.

Por las noches recibo a los adolescentes en los mismos bares que recibí a grandes talentos.

De vez en cuando los llevo a bailar al club donde sus padres se conocieron y vivieron sus primeros romances.

Pensar que hace tan solo 60 años había solo una vida dentro mío y hoy algunas de mis calles se vuelven intransitables en determinados momentos del día.

Miro a mi alrededor y me encuentro rodeada de vías de ferrocarriles, aunque yo quisiera poder subirme a las líneas de colectivos que me recorren a diario llevando gente a trabajar, a estudiar o solo a visitar otros barrios, otras ciudades.


Vista Plaza Plate a fines de la década del 60´

A veces me pregunto como se sentirá ser capital, porque si bien yo soy una de las mas bonitas, ser capital debe ser distinto, aunque pensándolo bien, yo también puedo ser capital, capital del rock nacional:
Luca, Los piojos; Capital del scoutismo, Newery, La Kennedy, ahora tengo la Gandhi; capital de las mujeres mas lindas y los hombres mas ocurrentes. A partir de ahora, yo, Ciudad Jardín, también soy capital, y si no, que alguien me demuestre lo contrario.

 

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